Soldado no derribó la puerta...

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La vida ha sido injusta con Roberto Soldado esta temporada. Hace un año, debutaba con La Roja ante Letonia y Mijatovic se frotaba las manos al asegurarse el regreso del canterano tras su exitosa cesión a Osasuna. En Pamplona, Soldado había firmado 13 goles entre todas las competiciones. Estaba tan confiado en sus posibilidades que decidió quedarse con el dorsal 9, al que renunció Van Nistelrooy para que el chico ganase en autoestima. Al valenciano ni siquiera le importó que Schuster apostase por el fichaje de Saviola, lo que le dejaba en el draft de los delanteros en quinta posición, tras Raúl, Ruud, Saviola e Higuaín. Pero los partidos fueron pasando y Roberto pasó de general a soldado raso. Ni siquiera fue carne de banquillo y se pasó casi todos los fines de semana en casa. La eliminación de la Copa del Rey fue para él como para Dudek. Sabía que el tiempo se le agotaba
Schuster intentó recuperarle para la causa en Riazor, pero Soldado estaba fuera de forma, lo que supuso la sentencia definitiva de este goleador nato que en su día enamoró a Del Bosque y a Butragueño. Lejos quedaba aquel golazo a lo Pelé que metió con la camiseta de Osasuna en el campo del Levante. Ahora le toca emigrar y ver cómo su sueño de triunfar en el Madrid se esfuma para siempre. Otro espejo roto en esa cantera que ahora saca pecho con el regreso triunfal a casa de Granero, De la Red y Javi García. Ojalá que este trío sí haga parada y fonda en el Bernabéu



