Robinho y sus músculos elegantes

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La elegancia es una futilidad necesaria, un agradable acompañante en la vida. No podemos negar esta evidencia. Sobre todo en estos días de luto por la muerte de Yves Saint-Laurent, el último maestro de la costura. Este 'príncipe de la moda' sembró la elegancia en el mundo entero. En el fútbol también, la elegancia se impone como un valor esencial, una cualidad sine qua non para el gozo de los aficionados. Pero no es suficiente. Nunca. Los 'talibanes' del fútbol menosprecian el aspecto físico de este deporte y se dedican a oponer 'potencia' y 'elegancia'. Cuando el fútbol moderno reclama un equilibrio real entre ambos. Grave error provocado por una falsa nostalgia y un férreo conservadurismo.
Por ello, me parece un gran acierto y un signo de inteligencia que el Madrid quiera mejorar el físico de Robinho. Es un regalo para el jugador que podrá apoyar su fantasía sobre unas sólidas bases y, así, proteger su talento. Y un arma de combate para el Real Madrid en Europa. Si queremos competir con los ingleses, tenemos que poner algo más de músculo al servicio de nuestra elegante cultura de juego. La Liga de Campeones ya no se gana bailando...



