El Málaga ha de quitarse el miedo

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Cuando un equipo decide hacer una concentración en plena temporada, siempre es para quitarse de en medio. Los entrenadores suelen buscar un paraíso de paz y tranquilidad más que un centro de alto rendimiento. El balneario se antepone a la preparación física; el relax, al sobreesfuerzo; la concentración, a la tensi los masajes, al footing. A estas alturas de campaña, los técnicos anhelan que sus profesionales despejen la cabeza. ¡Bingo! Si funciona la cabeza, funcionan las piernas; y quien mueve las piernas, mueve el corazón. Este Málaga mostró el pasado domingo ante el Nàstic unos alarmantes síntomas de fatiga mental, de miedo escénico y falta de confianza impropios de un equipo que, hasta perdiendo un partido de los cinco que le faltan (y aunque la Real Sociedad lo gane todo) estará en Primera.
Ismael Díaz, un entrenador innovador en muchas cosas, fue pionero en este tipo de medidas. Se llevó a sus jugadores a Lanjarón (donde el agua se cotiza más que un cubata) en una época de crisis. El Málaga subió de Segunda B a Segunda. El gran Joaquín Peiró hizo lo mismo y el equipo cimentó en aquel retiro espiritual la arquitectura de su mejor época contemporánea. Irse a Benahavís es una buena idea porque además de sus ventajas celestiales, a Fernando Sanz no le va a costar un duro. ¡País!



