Una mezcla de miedo y confianza
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La semana se nos está haciendo muy larga, casi eterna. Lo que nos hubiéramos ahorrado todos si ese remate de Llorente en el final del partido ante el Betis o el cabezazo de Aguirre al poste ante el Getafe hubieran entrado. Pero la realidad es que no fueron gol y que el Valladolid sólo ha sumado dos de los últimos nueve puntos y no ha podido llegar salvado al último partido de Huelva. Por eso, nos toca la penitencia de tener que vivir siete días de incertidumbre en los que se entremezclan el miedo, los nervios, la confianza y sobre todo el optimismo. Sí, el optimismo, porque el Valladolid lo tiene mejor que los demás y ha demostrado fuerza mental para saber convivir con el riesgo sin desmoronarse. La templanza y el oficio serán vitales en tierras onubenses.
Y como la semana está haciéndose larga, aquí en Valladolid, en Pamplona, en Zaragoza y en Huelva la gente va a acabar trastornada como sigamos con lo de los pactos a empatar o a buscar el mismo marcador que en el partido del vecino. Esto empieza a ser de locos, casi insoportable. Si sólo fuera cuestión de jugar el partido, sin más, pues que maravilla. Pero no. Estamos todos desconfiando de todos. Sin saber si es mejor ganar o empatar para no enfadar al rival y pendientes de si los del Racing y Osasuna están dispuestos a rizar el rizo de fotocopiar lo que pase en Mallorca. Aquellos partidos de Sevilla o del Bernabéu de años atrás o la promoción de Toledo nos parecen ahora una broma al lado de todo lo que estamos viviendo de cara a esta última jornada.




