El Via Crucis tiene que acabar ya
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Acogiéndome al espíritu de la Semana Santa pienso que el Via Crucis de la hinchada atlética tiene que acabar alguna temporada. Son ya trece los años de penitencia. Ahora puedo pensar que, en las estaciones de Sevilla y Villarreal, el equipo de Aguirre podrá dar una alegría al personal gracias a la calidad de Agüero y Forlán, los pulmones de Raúl García, el carácter de Camacho y la chispa de Simao. Como conjunto, eso sí, cero patatero. Lo del partido ante el Levante es una historia como para no dormir y, por las sensaciones que transmitieron en la última jornada los colchoneros en comparación con sus próximos rivales, es como para irte de vacaciones con Curro al Caribe. Es imposible, ni adrede, hacer un fútbol tan pobre y desangelado.
Lo que sucede es que uno anda con la mosca detrás de la oreja y siempre los del Calderón pueden realizar su gran faena. Tampoco Sevilla y Villarreal se han mostrado muy resolutivos en sus campos y, como el potencial rojiblanco sigue estando en su línea de ataque, todo puede pasar. Lo que sigo sin entender es el ataque de miedo que lleva arrastrando Aguirre desde hace meses. Esa bendita locura de salir al ataque, que nos enamoró a todos a principio de temporada, ha quedado relegada a un fútbol ramplón, temeroso, cobarde y rácano. Solamente mantiene el tipo en base a las individualidades que tiene del centro del campo hacia arriba. García Pitarch deberá explicar algún día lo de Cléber Santana. Un jugador que no dice nada.




