La Liga, la UEFA y el milagro azul

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Acabados ya todos los calificativos posibles a la hora de hablar del milagro que cada año nos trae el Getafe, la cuestión de fondo que se extrae tras la última eliminatoria de la UEFA es que este torneo cada vez interesa menos a los equipos españoles. No por tradición, ya que un título europeo sirve para engalanar de por vida las vitrinas de cualquier club, sino por lo maratoniano que resulta un calendario ensanchado de manera abusiva para encuadrar en él a todas las federaciones del Viejo Continente. Eso abarca tal número de partidos que la competición arranca en julio y concluye a finales de mayo, algo inhumano para las piernas de cualquier deportista. Por eso Italia hace tiempo que pasa olímpicamente de la UEFA. Y España le está imitando poco a poco.
La tendencia que se consigue con esta travesía de partidos es claramente la pérdida de nivel. Para llegar al escaso premio de los dieciseisavos es necesario visitar aldeas rurales de Rumanía, Islandia o Kazajistán, contar con una plantilla de 25 futbolistas, a poder ser jovencitos, firmar talonarios sin pudor y ver las gradas del estadio vacías ante el escaso interés de los aficionados. Por eso los equipos punteros pueblan sus alineaciones de suplentes y únicamente muestran interés las entidades pequeñas que no tienen la ocasión de recibir año tras año a grandes tipo Atlético, Bayern o Benfica. Pero si alguien consigue salir con vida de semejante aventura tiene ante sí una oportunidad única. Como la tuvieron Alavés, Osasuna o Espanyol. Y como ahora la tiene el Getafe.



