Laureus: más que un premio
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Los premios Laureus han conseguido en poco tiempo un gran prestigio. Están reconocidos como los más importantes del deporte, porque los concede una Academia de la que forman parte auténticas leyendas y nombres universales. Por citar algunos: Bobby Charlton, Beckenbauer, Coe, Moses, Michael Johnson, Bubka, Nadia Comaneci, Michael Jordan, McEnroe, Nastase, Navratilova, Spitz, Tomba, Fittipaldi, Nicklaus, Player, Seles, nuestros Ballesteros e Indurain... Representantes de 24 deportes que cubren el planeta y entre los que se incluyen el fútbol americano, el criquet o las carreras de caballos, de gran popularidad en algunas partes del mundo, pues se trata de designar al mejor allá donde se encuentre.
Pero estos premios son sólo un escaparate para generar el apoyo a los programas sociales de la Fundación Laureus. Una Fundación que, como dijo Mandela en la primera edición de los premios, "emplea la fuerza del deporte porque tiene el poder de cambiar el mundo y puede despertar esperanza donde sólo hay desesperación". Gracias a la repercusión de los premios, la popularidad de los miembros de la Academia y su compromiso para ser embajadores de la Fundación, ésta realiza 48 programas de ayuda en 23 países para favorecer la integración y mejorar la calidad de vida de 150.000 niños. Por eso tenemos que estar orgullosos del deporte y de sus grandes protagonistas. Ofrecen voluntariamente su tiempo para hacer mejor el mundo.




