Yo digo Ángel Cruz

Carlota, un orgullo para el atletismo

Ángel Cruz
Redacción de AS
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El atletismo tiene suerte de contar entre sus adeptos con una mujer como Carlota Castrejana. Podría triunfar en la Pasarela Cibeles o en la Pasarela Gaudí, pero ha preferido el pasillo de triple salto (campeona europea en sala), como antes eligió la luneta del salto de altura (plusmarquista nacional, en su momento) y antes aún las canchas de baloncesto, amor de juventud y diploma olímpico en los Juegos de Barcelona 1992. Pasarelas deportivas, estas, mucho más sacrificadas, menos atractivas que las otras, pero quizá más gratificantes. Lejos del papel couché y cerca del sudor y las lágrimas, porque no siempre se sale triunfante de la lucha contra las rivales y contra la implacable cinta métrica. Carlota dijo una vez en AS que debía gran parte de su éxito a su elevada estatura (1,88 metros), recomendable para una especialidad como la suya.

Es cierto, pero no lo es menos que debe lo que es, que es mucho, a su espíritu de sacrificio, a la pelea diaria durante años y años, con frío y con calor, lejos de la atención de los medios . Y también debe lo que es a una claridad de ideas poco común, a un saber luchar por lo que le gusta sobre todas las cosas, dejando atrás otras consideraciones. Por ejemplo, cuando cambió el baloncesto por el atletismo perdió dinero, bastante dinero. Y se adentró en un territorio desconocido, en el que ha sabido triunfar y, sobre todo, ganarse el respeto de todo el mundo. Atleta, mujer casada, abogada en ejercicio, vocal de la Federación Española... Sí, el atletismo tiene suerte de contar con Carlota.

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