Cuando ganar no es suficiente

Cuando ganar no es suficiente

Puede que el lunes, tras el partido ante el Manchester United, algún portavoz del Liverpool explique que las conversaciones entre Tom Hicks y George Gillett, y el mánager han ido de maravilla y que nada cambia. Puede que, por otro lado, despidan a Rafa Benítez, exclusivamente por razones extradeportivas (Hicks y Gillett consideran que el entrenador debería ser solamente eso, el que entrena, además de un fiel servidor de sus deseos). Puede que los dos norteamericanos anuncien esta semana que parten peras o que alguien lance una OPA para adquirir parte del club. O puede que los movimientos que se preparan entre bambalinas queden solamente en amenazas de cambio, en un susto.

En esa encrucijada se encuentra el Liverpool, atrapado entre la tradición y la modernidad, entre el sentir de una afición que respeta al mánager por encima de todo y de unos dueños insensibles a los sentimientos que mueven a la hinchada. Mientras tanto, algunas cosas han variado para Benítez. Consciente del ruido de sables, ha preferido mirar más a menudo hacia abajo (a la plantilla, al trabajo diario en el campo de entrenamiento) que hacia arriba, dejando de lado algunas labores de mánager que, según los dueños americanos del club, le distraían. La respuesta de los jugadores ha sido ejemplar, aunque en algunos casos quizá fría. Han pasado ronda en la Champions y poco más se puede hacer ya: sólo queda esperar la sentencia.