Más allá de la emoción

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No seré uno de estos que se suben, a última hora, al carro de los elogios y que claman ahora que siempre han creído en Van Nistelrooy. Incluso llevaré la honestidad intelectual a afirmar que no sólo no pensaba que el holandés iba a marcar cuarenta y cuatro goles en menos de un año y medio, sino que también reconozco que no me gusta Van Nistelrooy como jugador. No soy un seguidor suyo, ni veo en él un futbolista que ha nacido para jugar en el Real Madrid. Estoy enganchado al fútbol porque hay tipos en un terreno de juego que hacen que escalofríos recorran mi cuerpo. Por ejemplo, cada vez que Ronaldo entraba en contacto con la pelota en el estadio Santiago Bernabéu provocaba una emoción que indicaba que algo iba a suceder.
Eso no pasa con Van Nistelrooy y sé que muchos madridistas comparten mi opinión. El delantero holandés se ha ganado el respeto, pero le falta todavía el amor de la gente. Es evidente. Y seguramente viene de la ausencia de emoción en su forma de moverse, en su estilo como futbolista. Sin embargo, la misma honestidad intelectual me obliga a decir que Van Nistelrooy es hoy por hoy imprescindible para el Real Madrid y que aparece como el mejor nueve posible. Nos podemos fiar de sus goles. Una cualidad suprema, sobre todo cuando hace falta ganar en unas de estas grandes noches europeas tan típicas del madridismo. A veces, más allá de la emoción, tiene que mandar la efectividad. Y Ruud la tiene.



