Juande se ha acoplado con su rol
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A Juande ya se le empiezan a entender las bromas. O eso dice Jermain Jenas. Ramos se ha dedicado a entrar a los futbolistas del Tottenham por los ojos (empezó con sesiones de entrenamiento dobles que ha ido relajando), por los oídos (con sus chistes en inglés roto) y por el estómago que es, se dice, donde nacen los romances largos. Las dudas sobre el futuro del preparador anterior hicieron que la plantilla se relajara y desde la llegada de Ramos (y de Gustavo Poyet y del preparador físico Marcos Alvarez) se han tenido que apretar los cinturones, comer menos y sudar la gota gorda para recuperar el nivel físico mínimo que les permita competir.
Este año es el del aterrizaje, así que se busca sobrevivir en la liga y dar una alegría a los aficionados (y a una prensa cada vez más hambrienta de mánagers y menos paciente) con buenos resultados en las copas (UEFA, FA Cup y Carling Cup). Habrá sorpresas este invierno cuando Juande saque el hacha y empiece a hacer rodar cabezas. En una clara muestra de su autoridad, ya se ha cargado al central Kaboul, un desastre de defensa. También fue capaz de sentar en el banquillo en momentos puntuales a las estrellas Keane y Berbatov. Necesita un portero, centrales, centrocampistas y un delantero por el que se le va a ir. El club está avisado y ahora le toca al director deportivo hacer su trabajo. Su rol en el club es el de entrenar, como hacía en el Sevilla, y Juande sugiere refuerzos para el equipo.




