Hernández: buen técnico en apuros
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Reconozco tenerle simpatía a Quique Hernández. Este valenciano de maneras tranquilas y sentido del humor agudo transmite tranquilidad al frente de un banquillo. No tiene planta de sargento ni voz de barítono, pero su experiencia le hace ganarse el respeto de los jugadores. Ven en él a un técnico que, a pesar de haber conocido todos los escalafones del fútbol, mantiene su ilusión intacta. Su Albacete es penúltimo y no hay que ser muy perspicaz para ver que tendrá serios problemas para salvarse. La institución está económicamente seca y el plantel no se ha reforzado como se requería. Pero ahí llegó Hernández con la intención de hacer lo que siempre ha hecho: sacar partido del grupo humano que caiga en sus manos.
Lo hizo en el Hércules en Primera, también ascendiendo con el Numancia o cuajando un buen año con el Recreativo quedándose a las puertas de subir. La lista de clubes que ha entrenado en más de veinte años no entraría en esta columna y, como es lógico, mezcla éxitos rotundos con algún que otro tropiezo. Quique nunca ocupará grandes titulares, pero la médula de nuestro fútbol está fabricada de entrenadores iguales a él.




