Los rallys necesitan vitaminas
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Creo que no existe una disciplina entre los deportes del motor con una afición más fiel y entendida que los rallys. Por eso me disgusta especialmente la crisis indiscutible que atraviesa la especialidad. De pilotos, de marcas, de patrocinadores, de difusión (incluyendo la televisiva) y de credibilidad. Los atractivos innegables de la competición se ven eclipsados por una mala gestión general del Campeonato del Mundo, quedándose sus pruebas en un segundo plano respecto a sus rivales naturales, la Fórmula 1 y MotoGP. Y no es un fenómeno sólo español. Ojalá que los responsables del certamen se decidan a afrontar la situación con valentía y acierto, porque de lo contrario la catástrofe podría llegar a ser total y, lo peor del caso, irreversible.
Tan delicado es el estado del paciente que la proclamación de un nuevo campeón no despierta la euforia y el reconocimiento que merecería la gesta de Sebastien Loeb. Entre otras cosas, porque la sensación que queda es que sus triunfos no están envueltos de la épica, la emoción, la competencia de los que consiguieron en épocas gloriosas antecesores como Kankkunen, Makinen, Biasion y, por supuesto, nuestro Carlos Sainz. Todo tiene un preocupante tufillo de mediocridad que aleja cualquier tipo de aliciente para los aficionados pero también para las marcas y patrocinadores. Una lástima, porque mantengo que las manos que tienen estos hombres son dignas de toda admiración. Por eso ojalá lleguen al Mundial esas vitaminas que le devuelvan la buena salud.




