Una afición con mayoría de edad
Los aficionados a los deportes del motor han proclamado a Fernando Alonso como el mejor español en estas disciplinas durante 2007. La elección no era fácil, porque nuestros pilotos nos han dado enormes satisfacciones a lo largo de la temporada que ahora toca a su fin. Por eso me parece muy significativo que entre tantos éxitos, el ganador del Premio AS haya sido quien podríamos considerar un perdedor. Sí, el asturiano no ha conquistado su tercer título de Fórmula 1 consecutivo, pero se ha hecho acreedor, quizá más que nunca, de la admiración de quienes le siguen, de quienes le apoyan. Los aficionados han sabido valorar su capacidad de lucha, su inquebrantable voluntad de triunfo, su fortaleza ante las adversidades, su pundonor, su coraje... No recordaremos esta campaña como la de la gloria, pero sí como la de la superación.
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Me alegra que Fernando se lleve a casa este galardón. Seguramente no será un bálsamo suficiente para aliviar las heridas de la derrota que sufrió no en la pista, sino en la trastienda de un equipo que le traicionó. Pero confío en que sabrá valorar el reconocimiento en su justa medida. Que tantas personas le apoyen en el momento de la derrota es mucho más valioso que el halago fácil en tiempos de éxito. La afición ha conocido sus dificultades, compartido los momentos difíciles, le ha apoyado hasta que la esperanza se esfumó y todo ello es tan gratificante como el mejor de los triunfos. El piloto ya dijo que sin tanto apoyo de su afición durante esa larga travesía en el desierto quizá habría arrojado la toalla. Y ya sabemos que este chico siempre dice lo que piensa (aunque a veces a algunos no les guste lo que escuchan), así que nadie puede dudar de la veracidad del mensaje. Y ese amparo popular se ve ahora refrendado con su proclamación como el mejor deportista del motor de 2007.
Y quienes lo dicen, además de disfrutar de la soberanía de la democracia, lo hacen con conocimiento de causa. Lejos quedan ya los tiempos en que la F-1 era casi una anécdota para los españoles. Ahora la afición ha alcanzado su mayoría de edad, sabe de lo que le hablan, reconoce los fraudes, admira las gestas y valora a cada uno en su justa medida más allá de los simples resultados. No es, por tanto, casualidad que Alonso haya sido el elegido. Rebelarse como él ha hecho frente a la injusticia es más una lección vital que una actitud deportiva. Su constancia nos enseña que no debemos rendirnos cuando luchamos por lo que creemos, que el esfuerzo merece la pena cuando se anhela la recompensa. E incluso cuando ésta no llega, podremos sentirnos orgullosos de haber perseguido nuestro sueño hasta la extenuación. Quien da lo que tiene no está obligado a más. Y eso es lo que ha hecho Fernando. Nuestro campeón también en este 2007. La FIA no lo va a reconocer así, pero tampoco importa: ya lo hacemos nosotros hoy...




