Se acabó una gran pantomima
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Dos días en vilo para llegar a una conclusión que, sin tanta reflexión ni debate, podía adivinar cualquiera con un mínimo de sentido común. La FIA, jaleada por McLaren, ha organizado una pantomima que, afortunadamente, ya ha tocado a su fin. El título es para quien lícitamente lo consiguió en la pista, mientras que el equipo de Ron Dennis ha echado por tierra el poco prestigio que aún le quedaba tras una temporada nefasta. Tras semanas repitiendo que su única intención al reclamar era clarificar la situación para el futuro, los abogados de Woking llegaron ante la Corte de Apelación pidiendo la exclusión de los BMW y los Williams, con el único objetivo de que su niño bonito, Lewis Hamilton, conquistara el título que perdió en Brasil por inútil y prepotente.
Raikkonen y Ferrari son campeones del mundo, así que Dennis y Hamilton pueden buscar otro rincón para llorar y lamentarse, mascullar una nueva excusa con la que disfrazar la incompetencia de una escudería que tenía la carta ganadora y no ha sabido jugarla. Y todo, con un estilo deplorable, fariseo y vergonzoso, la guinda perfecta para un año en el que hemos descubierto la cara más fea de uno de los grandes de la Fórmula 1. Visto lo visto, casi mejor que Fernando Alonso ande lejos de estos individuos, aunque pudieran darle un coche más competitivo que el que seguramente tendrá. Porque si importante es ganar, no menos lo es cómo hacerlo. Y McLaren ha pretendido auparse hasta la gloria del triunfo desde las alcantarillas. Por suerte, ha fracasado...




