En el fondo no desea dejar el club

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Cuenta Lopera que cuando entró en el Betis, en los primeros y nefastos años 90 (en Segunda), el entonces presidente Hugo Galera le dijo: "No hay balones. Tuvimos que ir a comprarlos a la tienda de deportes de Ortega, al igual que tres camisetas que nos faltaban. Así estábamos". Probablemente, a los béticos que actualmente tengan entre 15 y 20 años y que no vivieron aquellos dramáticos años en primera persona, les resulte hasta pesado que su máximo dirigente siempre haga referencia al 92 para rebatir los argumentos de los grupos de oposición (vamos a llamarles así) que desean que venda su paquete accionarial por "lo mismo que puso hace 15 años". Pero la cosa es mucho más profunda.
Lopera no desea vender porque no ha encontrado un comprador que le convenza y le demuestre que no va a especular con un club que es su vida. Y cuando esta oferta real se produzca, habría muchas cosas que negociar. El Betis de 2007, a pesar de su mala clasificación, no es ni deportiva ni económicamente el Betis de 1992 que casi desaparece si Manuel Ruiz de Lopera no hubiera facilitado su conversión en Sociedad Anónima Deportiva.



