A Pereiro le deben una
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Desde ayer Pereiro es ganador del Tour. Recibió grandes honores, pues la proclamación fue con la presencia del director del Tour, del presidente de la sociedad organizadora y del secretario de Estado para el Deporte. Le entregaron el maillot amarillo de vencedor y Lissavetzky le prometió, además, la medalla de oro al Mérito Deportivo. El reconocimiento era lo único que le faltaba. La fama y el dinero ya lo tenía desde que dio la campanada el año pasado en el Tour. Diríase que se ha hecho justicia y todo ha vuelto a su orden. Sí, pero Landis jamás le devolverá el momento de gloria que le robó. Ese podio en los Campos Elíseos es como para un torero salir por la Puerta Grande en la Feria de San Isidro. Se sale o no se sale.
Y es que hay un momento en la vida de todo deportista que no lo cambiaría por nada. Es el momento de la gloria. Esos instantes en los que escucha su nombre, sube al podio, alza los brazos, es aclamado, suena el himno en su honor... Eso no tiene precio. De hecho, cuando los jóvenes deportistas comienzan su carrera todos dicen que quieren llegar a ser campeones, no que quieran ganar dinero, aunque una cosa lleve a la otra. Pero el dinero en momentos como esos es secundario. Y en algunos deportes no es un tópico sino algo literal. El ganador del Tour, por ejemplo, recibe 450.000 euros pero no se los queda él, sino que los reparte con sus compañeros de equipo. Pereiro los hubiera dado íntegros a cambio de esa gloria usurpada.




