Menuda peli para Almodóvar

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Mujeres al borde de un ataque de nervios. Y hombres. Y niños. Y directivos a los que se les salía el corazón del pecho -José Luis Sáez al frente- y periodistas a los que la acreditación se les enroscaba como una boa alrededor del cuello. Pedro Almodóvar estaba en la grada del Palacio, mejor dicho, en uno de los confortables sillones de la zona vip, y chillaba como el que más tratando de que a los jugadores griegos les temblaran las piernas. Y no les temblaban.
Sólo en los últimos segundos los de Giannakis bajaron la guardia y permitieron a España colarse en la final. Rafa Nadal festejaba la canasta de Calderón (74-68, minuto 38) como si fuera un match-ball. Lo era. Se había sufrido lo insufrible, se había mantenido el tipo cuando los fantasmas rondaban por el Palacio, se había vuelto a demostrar que esta Selección tiene la virtud de transformar en zen todos nuestros infartos. Con Nadal y Gasol, compañeros de publis televisivas, gritando de alegría sobre el mismo parquet. Y con Almodóvar grabando en su cabeza una peli de basket. Que no busque título. Nos vale Volver. Porque ahí estamos de nuevo: a las puertas del oro.



