La emoción del himno en la lejanía
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Circuito de Phillip Island, Australia. 9 de abril de 1989. Allí estaba yo, un periodista novato siguiendo en el otro extremo del planeta a los pilotos españoles. Aquel día, en aquel lugar, Álex Crivillé ganó su primera carrera en el Mundial de 125cc, el inicio de una senda triunfal que le llevaría ese mismo año hasta el título. Pero más allá de la gesta de un jovencísimo Crivi, lo que jamás olvidaré de ese domingo fue la sensación que me produjo escuchar el himno nacional, por primera vez en mi vida, a miles de kilómetros de casa. Nunca hasta entonces había imaginado que pudiera ser tan emocionante sentirse orgulloso de ser español. Toda una experiencia, lo juro.
Cuando algo ocurre en muchas ocasiones, hasta 301 en el hito que nos ocupa, podemos llegar a caer en la tentación de restarle trascendencia al suceso. Sin embargo, cada uno de esos triunfos españoles en los grandes premios tiene un valor incalculable, esconde esfuerzo, lucha, superación, miedo, dolor, abnegación, ilusión, alegría... Todos son la consecuencia de que un deportista busque la excelencia incluso más allá de lo razonable. Y, además, son españoles. Como nosotros...




