Los dioses del fútbol ya visten de rojo
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Cuando se traiciona a los dioses del fútbol, como el Real Madrid hace metódicamente, los dioses no suelen perdonar. Envían vengadores, de la estirpe de quienes veneran a esos mismos dioses: dioses de la planificación, el deseo, el esfuerzo colectivo y el respeto. Esos dioses marcan el camino del Sevilla, como las sagradas imágenes de cera de sus padres marcaban los pasos de Russell Crowe, General Máximo: Gladiator. Y esos dioses trajeron al Bernabéu a un vengador rojo esculpido en viejas tradiciones blancas: aquel legado distefaniano de unión y esfuerzo colectivo.
Al Sevilla lo entrena (todavía) Juande Ramos, pero lo podría entrenar Sir Matt Busby, que en semifinales de la Copa de Europa, 1968, tiró de valores y emoción en el mismo Bernabéu alineando a David Foulkes, superviviente del desastre aéreo de Múnich. Foulkes, héroe de otro equipazo rojo, el Manchester United de Bobby Charlton, Best y Law, marcó el 3-3 que eliminó al Madrid. A pase de Best enlazó pasado y futuro. El United fue campeón en Wembley. El Sevilla no desprecia el esfuerzo: lo ennoblece. No se disloca en debates enloquecidos (Guti, Sergio Ramos): cree en el bloque. En los dioses del fútbol. Los dioses que, ahora, son rojos.




