Dark Horse: el Sevilla que galopa
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Tomándola literalmente del inglés, la expresión Dark Horse puede traducirse como Caballo Oscuro. En realidad se aplica a competidores fuertes, rocosos y ásperos, con temple y valor probados, pero sin glamour o encanto para vender, que arrancan con estupendas posibilidades en todo lo que hacen... aunque la cátedra y las expectativas de ciertos entendidos les nieguen el pan y la sal. Digamos los tapados. O El Tapado. Lo eran los Detroit Pistons de Isiah Thomas, Rodman y Laimbeer en la NBA de finales de los 80 y primeros 90. Lo fue Ben Johnson ante Carl Lewis, antes del estanozolol. Lo es el tremendo y galopante Sevilla de Juande. Muerde. Pero si eres un Dark Horse, no te cotizan y tienes los colmillos afilados, llevas ventaja, carta en la manga. Larry Bird era el jugador más inteligente de toda la NBA, pero le gustaba que le llamasen The Hick of French Lick: el cateto o paleto de French Lick: su pueblo de Indiana. Después, en la pista, el zorro paleto actuaba como el Mariscal Erwin Rommel.
Da la impresión de que al Sevilla, haga lo que haga, no se le cotiza como debiera: le pasa en lo suyo a otros que yo me sé. Un equipo con tal pegada, despliegue, cohesión y que encima se harta de ganar títulos, debería brillar como el lucero del alba: nada de eso le sirve para abrir noticiarios ni para ganar la mitad de la atención que disfruta, por ejemplo, su glamouroso rival de hoy. Sin embargo, ahí están las credenciales de este Sevilla y este Madrid. Es bueno ser Dark Horse, siendo el Sevilla... o siendo Larry Bird.




