El regreso del sentido común
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Hay un grupo de futbolistas que no son de la casa, que no nacieron en la cantera blanca, que, como aquel que dice, acaban de llegar pero que no por ello entienden menos el valor del escudo y la camiseta. Lo observan todo con un interrogante en el rostro y con distancia, que no desinterés. Ese sentimiento de outsider les da un punto de sentido común y cuando se ponen a analizar les cuesta entender esos cambios de timón que da el club, ese escaso respeto al éxito de Heynckes, de Del Bosque y, recientemente, de Capello. La mayoría prefiere no hablar, entiende que hay que decir las cosas de puerta para adentro o no decirlas. Pero otros aceptan su responsabilidad y no callan lo que sienten.
Pongamos por ejemplo a Van Nistelrooy. Estamos cambiando, dice en voz alta, y hay que suponer que ahora la gente dará tiempo al equipo para que se acople, para que, con calma, vuelva a recuperar el balón, la posesión, la confianza en el dominio del juego. Qué va, Ruud, esto no funciona así en este país. Aquí muchos han sacado ya la conclusión de que el Madrid es un desastre, que lo de Schuster es un espejismo, que no hay ya quien salve este barco. Un consejo ahora que ha vuelto el holandés: hoy por hoy, lo más importante que está aportando no son los goles. Escúchenle.




