Ladran, luego cabalgamos
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Se lo decía el espigado Don Quijote a su fiel Sancho Panza: ladran, luego cabalgamos. Y ésa, precisamente, es la actitud permanente de la FIA frente a cualquier polémica en la F-1. O mejor dicho, la justificación a la omnipresencia de Bernie Ecclestone, el dueño del negocio, a través de su marioneta Max Mosley, el presidente de paja en una federación intervenida por el poder real de los grandes premios, que no es otro que el económico. Marketing deportivo en estado puro, el mejor escaparate mediático imaginable con un resplandor que se debe mantener vivo a cualquier precio. Que se hable de la F-1, de sus pilotos, de sus equipos, incluso de sus líos es fantástico para las audiencias, para el retorno publicitario, para la notoriedad, para el business en definitiva...
De esta novela de espías propia de John Le Carre entre Ferrari y McLaren no podía quedarse al margen la FIA, faltaría más. Como también pensaron en sancionar a la escudería británica porque pudieron haber alterado el orden de las cosas en el GP de Mónaco, o a la propia Ferrari por su fondo plano que era legal pero tampoco tanto En fin, que el caso es protagonizar también el meollo, controlarlo y que ladremos para que quede claro que ellos siguen cabalgando. No sé cómo acabará este asunto, pero me parece un disparate que los circuitos y los despachos compartan un escenario común. Así que espero que se castigue a los culpables, si es que los hay, pero sin adulterar la competición. Esto es un embrollo de tramposos que poco tiene que ver con las carreras.




