Abel Resino entró en la historia
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En medio de la borrachera de euforia que se desató en Orriols tras el derbi, pocos se acordaron de uno de los principales artífices de la misma. Abel Resino fue actor secundario de una gesta en la que tiene mucha, muchísima, parte de culpa. El técnico cogió a un grupo desmembrado, en el que muchos daban ya por seguro el descenso y lo ha convertido en un núcleo ganador, uniendo piezas que antes no casaban y apoyándose en futbolistas a los que ha hecho creer que sí, que valían para Primera, cuando meses antes estaban desahuciados. Y todo ello con poco apoyo desde arriba.
Porque Abel estuvo en la cuerda floja, como cualquier entrenador que pase por el Levante, pero nunca se inquietó y ha completado una excelente labor de recuperación física, mental y futbolística. Ante el Valencia se vio que su defensa adelantada (que parecía un suicidio cuando aterrizó) funcionaba de maravilla, por lo que cabe pensar de qué sería capaz el técnico si le dejaran una pretemporada para trabajar. Lamentablemente no lo veremos, porque pese a batir el récord de puntos y mantener al club por segunda vez en 98 años parece no haber contraído suficientes méritos para Pedro Villarroel. Al menos, para el levantinismo de base sí y siempre le estarán agradecidos.



