Pena, rabia, náuseas y asco

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La funesta noche del miércoles dejé la redacción aproximadamente a la 1:30 de la madrugada. El taxista que me llevaba a casa me contó que estuvo en el mismo hospital donde Juande Ramos pasó la noche esperando un servicio. Entonces presenció cómo un grupo de desalmados, por lo visto desplazados ex profeso, coreaban 'Juande muérete' (¡Qué falta de corazón y de humanidad!). Acaso no vieron al entrenador del Sevilla apartar con disimulo algunas de las botellas, que sin duda ustedes, gamberros indecentes, habían arrojado, para que el árbitro no las hiciera constar. Qué pena.
Quién tiene la culpa de que 200 cafres practicaran el tiro al blanco con el técnico nervionense, con Alves con Del Nido? ¿A quién culpamos de que 200 indeseables destrozasen contenedores de basura en el sevillista barrio de Nervión con métodos de kale borroka alegando no recibir localidades para este vomitivo partido?¿Por qué padres sin escrúpulos y sin entrañas ríen las gracias de sus niños cuando en un estadio insultan al árbitro o al rival? ¡Por todos los diablos, por qué narices hemos convertido en héroes mediáticos al gamberro del muletazo al vigilante jurado o a tanto colgado! Esto no es fútbol.



