Yo digo Raúl Romojaro

Lo de 'Cars' es un juego de niños...

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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El manido tópico de que la realidad puede superar a la ficción es muy aplicable cuando hablamos de tantas cosas que ocurren en ese peculiar país que se llama Estados Unidos. Allí tienen una forma especial de entender la vida, el deporte, el espectáculo y sus carreras de coches son un ejemplo perfecto de la hegemonía del show sobre cualquier otro aspecto. Las peripecias de Rayo McQueen en la película 'Cars' se antojan un juego de niños comparado con todo lo que ocurrió el domingo en las 500 Millas de Daytona. Ni siquiera los creativos de Walt Disney y los magos de la animación de los estudios Pixar fueron capaces de imaginar un desarrollo de la Nascar tan rocambolesco como el de la última edición de esta legendaria prueba: accidentes, fuego, emoción y un ganador por sólo dos centésimas de segundo...

Otro dato que lo dice todo sobre la intensidad de la prueba es que un machote como Juan Pablo Montoya se mostrase impresionado con lo que allí ha visto. Seguramente, en términos absolutos, el piloto más rápido sobre el óvalo era el colombiano, pero lo de bregarse de ese modo, cuerpo a cuerpo y sin concesiones, con una jauría de rivales es algo que exige más que velocidad. Incluso para un valiente como Juancho. Y todo esto es así porque es lo que mantiene vivo el negocio, lo que atrae a cientos de miles de personas a los circuitos, con el objetivo inicial de ver a unos cuantos coches dar vueltas y vueltas (hasta doscientas) a un gigantesco donut aplastado. Pero sólo hasta que empieza la acción, porque la incertidumbre es entonces lo único seguro. Se divierten a su manera y en ocasiones, como en ésta, hay que entenderlo...

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