Así no se puede ir a ningún lado

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Es muy torpe hacer un veto a la prensa justo en la semana que el Betis juega contra el Atlético de Madrid. Es de necios cabrear a la minipandi mediática, porque te puede matar a nada que las teles de rigor empiecen a poner de moda algún desliz (como por ejemplo le pasó a Javi Navarro con Arango, quien fue crucificado porque esa semana el Real Madrid no jugaba y no había nada de qué hablar...); es poco inteligente emprender la caza de un chivato, justo con el parvulario estilo de cuando éramos unos mocosos aspirantes a barbilampiños y pedantes adolescentes motorizados. No. El Betis no puede caer tan bajo. Ni debe.
El problema no es la filtración de una movida en la cocina con caída de gafas (las de Irureta) incluida. La cuestión es que se producen. Y es preocupante que en un grupo de trabajadores, de compañeros, de personas, uno resulte lo suficientemente TREPA como para compartir con los aduladores ocasionales, los trapos sucios de los tuyos. Los PELOTAS y CHIVATOS me repatean, pero los torpes y los calentadores, más todavía. El Betis tiene un problema. Gordo.



