El cerebro, la espalda y el corazón
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Capello medita cómo encajar a Guti en el once titular. Lo celebro. Me inquietaba que se diera por satisfecho con un equipo dirigido por Diarra y Emerson, brillantes futbolistas en la contención, pero a los que cuesta imaginar como directores de orquesta. Sólo me extraña que reconocida la importancia de Guti y su papel no se haya entendido como prioritario el fichaje de otro jugador capaz de llevar la batuta del equipo, de marcar el ritmo. Cesc hubiera sido perfecto. También Xabi Alonso. Y, por supuesto, Kaká. Ninguno de los citados comparte características ni latitudes, lo sé, pero los tres tienen esa rara virtud de conectar mediocampo y ataque, de traspasar las líneas.
Resignado a la ausencia de especialistas en las bandas como Reyes, Robben o Joaquín (snif), asumido que mi sueño de españolizar el equipo (y el espíritu) es una apuesta a la que sólo se atreve el Valencia, echo de menos esa pieza maestra que pudiera intercambiarse con Guti en el timón. Y es una pena, porque con guardaespaldas como Diarra y Emerson sólo faltan espaldas que guardar y cabezas imaginativas. Pero no desespero. Intuyo que Capello está todavía más preocupado en que el paciente respire que en sus habilidades para bailar claqué. Confío en que Robinho y Cicinho terminarán por encontrar su lugar. Espero que Raúl ya haya gozado de todos los privilegios que le otorgan sus heridas de guerra. Tengo esperanzas.



