Pues al final ganó Pernía
Quién lo iba a decir hace un mes. Reconozco que cuando me enteré del órdago que el presidente del Racing lanzó a Lendoiro, ése de "te doy a Aouate, pero tú a mí a Munitis; si no, nada de nada", pensé que Pernía había pecado de pardillo, de político recién llegado al fútbol sin saber que esto funciona de otra manera.
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Pero estaba equivocado. Pernía se ha destapado como un buen negociador, con las ideas claras, que se pone el mundo por montera y apuesta fuerte por una idea, por un menudo futbolista cántabro que emana profesionalidad por los cuatro costados, y que supone un espaldarazo social para la masa racinguista.
Porque Munitis, además de un jugador excelente para el Racing, es un símbolo venerado por la afición, el balón del escudo, el ejemplo para los que vienen de abajo. Pero que quede claro: esto es deporte, y no hace muchos años con Salva pichichi y Munitis en su esplendor el Racing se salvó en la última jornada. Todo depende de la pelotita



