Un campeón y también un buen tipo
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Conocí a Álex Crivillé en mi primera temporada como enviado especial de AS a los grandes premios. Corría el año 1988 y aquel chaval ya era capaz de entusiasmarnos subido en una moto; era un chico tímido, hablaba poco y parecía un tanto desbordado con lo que le había caído encima como figura emergente del Mundial de motos. Pero todo cambiaba cuando se bajaba la visera del casco, entonces se transformaba y exhibía un talento que ya entonces permitía pronosticar, sin mucho margen de error, que haría cosas grandes. Un año después fue campeón del mundo de 125cc, aunque su gran hito resultó convertirse en el primer piloto español capaz de competir sin complejos en la clase reina, entonces 500cc, hasta proclamarse campeón.
Ayer estuvo en el Foro Ferrándiz-AS ("porque aquí siempre me habéis tratado bien") y me pareció que seguía siendo ese chico humilde, accesible, honesto y entrañable de siempre... aunque ahora con 36 años, dos coronas de campeón del mundo, una vida tranquila en el campo, una familia a la que adora y una pasión deportiva reconducida a los rallys. Y me gustó comprobar que hace ya casi dos décadas no me equivoqué y que Crivi era un piloto excepcional pero, sobre todo, un gran tipo. Un detalle significativo, porque los deportistas, los pilotos, incluso los campeones pueden diluirse con el paso inexorable del tiempo; sin embargo, las buenas personas son para siempre y ésa es la mejor carrera que ha podido ganar Álex. Y me alegra mucho...




