Se marcha un símbolo rojiblanco

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Hace más de 15 años Toni Muñoz empezaba su aventura en el fútbol profesional. Yo daba también mis primeros pasos en el periodismo. Toni se hizo un hueco en la primera plantilla del Atlético, fue internacional, logró el Doblete y también vivió el descenso. Con el tiempo se convirtió en capitán del equipo rojiblanco y en uno de los históricos del club. Yo, en los mismos años, no me convertí en histórico de nada, pero he vivido en este tiempo los grandes éxitos y también fracasos del Atlético. Poco queda ya de aquel chico tímido que llegó de Córdoba con la maleta llena de ilusiones. Ayer puso punto y final a su etapa en el Atlético. Su despedida fue de las más emotivas que se recuerdan en la sala de prensa del Calderón, casi abarrotada para el evento.
T oni vivió una jornada llena de nervios, más casi que cuando debutó con el Atlético. Estuvo toda la mañana en las gradas del estadio, quizá recordando sus jugadas por la banda izquierda. Luego se relajó en el vestuario con Coti y terminó llorando, una vez terminada la rueda de prensa y lejos de la mirada de todos, abrazado a Antonio Sanz, su íntimo amigo. Su último servicio fue bendecir a Aguirre el pasado jueves en la charla que tuvo con el mexicano. Pocas noticias nos habrá dado Toni a los medios de comunicación y más de una ocasión nos hemos enfadado con él cuando se mostraba esquivo a las preguntas de futuros fichajes. Pero por encima de todo, se marcha un símbolo del club y un hombre que siempre ha trabajado con la honestidad como bandera.



