El Arsenal sabe jugar en Europa
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Desde el principio se jugaron dos encuentros. El Villarreal estaba en las semifinales de la Liga de Campeones. El Arsenal deshilvanaba a su ritmo otro partido más, como si fuera contra el West Brom. Cada pase de los amarillos llevaba el peso del 'nos están viendo millones', cada entrada en el medio campo tenía la etiqueta 'no veas, hasta dónde hemos llegado, por aquí no pasa nadie, vaya a ser que nos quiten el caramelo'. Ni siquiera el gol anulado de Henry les sacó la tensión del cuerpo. Nadie quería el balón y se abusaba del zapatazo a los de arriba.
Recordaba el Villarreal a los olvidados ochenta, cuando nuestros equipos no ganaban ni a las canicas y una victoria en un amistoso de la selección contra Inglaterra en Wembley, con goles de Zamora y Satrustegui, se celebraba como el éxito del siglo. Faltaba la arrogancia del Depor en el pasado, la efectividad del Valencia de Cúper, algo, lo que sea, que definiera a este Villarreal. Daba la sensación de que un gol lo solucionaba todo. Y llegó, claro, pero en contra. El Arsenal ha aprendido un par de cosas este año: el equipo, a utilizar las armas que permiten el éxito en Europa; la afición, acostumbrada a años de goleadas, a apreciar las ventajas del 1-0 y de ralentizar el juego cuando toca.




