Se bailó al son de Wenger
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Podía parecer que era el Arsenal el que escribía el guión (les damos el balón y lanzamos contras), pero en realidad lo que esta eliminatoria estaba esperando era un golpe de efecto del Real Madrid. En el momento en que el gigante decidiera despertar, iba a encontrar al Arsenal en orden y a la espera. Y esperó. Como no acababa el Madrid de hacer lo que se presumía que podía hacer, el Arsenal se fue creciendo, pero con la sensación de que el destino no estaba del todo en sus manos. Se desperezó el Madrid en un par de ocasiones y descubrió: que Flamini perdía el duelo con Beckham, que Senderos duda, que Toure no sabe jugar el balón desde atrás. Pero esos apuntes quedaron en eso, en sugerencias que el Madrid no supo explotar.
Seguía esperando el Arsenal. El partido confirmó el estatus de Hleb que si fuera amigo de Henry haría rato que estaba en el equipo. Gilberto tomó las riendas y Cesc se convirtió en su escudero, lo contrario que en el Bernabéu. Sabían los ingleses que todo podía cambiar en un segundo, pero eso no les servía para rematar la faena, aunque pudo en varias ocasiones. De repente, Henry dijo: "¿Sabéis qué? Pongamos una velocidad más". Y el Arsenal dejó de esperar y el partido se volvió loco. Como un ciclista a punto de llegar a la cima, dio un golpe de pedal y, con la lengua fuera, le siguió el Madrid. Y de repente, con el final, se dieron cuenta de que, desde el principio al final en esta eliminatoria, se bailó al son que dictó Wenger.




