Grandeza más allá de los éxitos
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Tendría tantas cosas que decir sobre Ángel Nieto que, la verdad, no sé ni por dónde empezar. No coincidí con él profesionalmente como piloto en activo y, sin embargo, su historia me resulta más cercana y entrañable que la de cualquier otro motorista. Me explico. Yo me hice periodista junto a Tomás Díaz-Valdés, mi maestro cuando era sólo un aprendiz en el AS y al que Ángel menciona hasta en tres ocasiones en la entrevista que hoy le hace Guasch. Por eso, casi todo lo que el 12+1 cuenta estás páginas, más lo que descubriremos en su documental (se lo recomiendo y no es pasión: no se lo pierdan), ya lo había disfrutado antes con el relato de mi entrañable jefe. Y yo, entonces un veinteañero, podía pasarme horas enteras escuchando cómo se forjó un campeón, un mito sin parangón.
Porque la grandeza de Nieto, no lo duden, va mucho más allá de sus éxitos deportivos, de lo que hizo, hace y hará por un deporte que es su vida. La suya es la historia de un hombre que no quiso conocer el significado de palabras como derrota, miseria, mediocridad o miedo y emergió en una España que estaba para pocas alegrías, demostrando que la voluntad es el motor más potente que se pueda soñar. Y esa voluntad, esa ilusión, esa pasión, siguen estando tan vivas en Ángel como cuando era, como yo, un pinche junto a Díaz-Valdés. Lo he comprobado desde que le conozco y lo estoy comprobando estos días, mientras se le iluminan los ojos cuando habla de motos, de sus hijos, de su película...




