Un campeón sin pinta de camionero
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Bromeaba Pedro Ferrándiz con Antonio Albacete diciéndole que no le veía con pinta de camionero, grandote y con gesto de tipo rudo. Claro, es que este menudo piloto es precisamente eso, un piloto de coches que encaminó su trayectoria profesional hacia la mejor alternativa que se le presentó. Albacete fue uno de los niños prodigio del kárting español a principios de los 80, igualito que más tarde lo fue Fernando Alonso. De ahí pasó a los monoplazas, después a los Turismos y por último a los camiones. Pero su oficio es el de ir rápido con cualquier volante que le pongan entre las manos, ganarse la vida llevando al límite todo lo que tenga cuatro ruedas y haga ruido. Por eso su éxito en el Europeo era sólo cuestión de tiempo.
Albacete representa la mejor cara del piloto profesional. Es un tipo centrado en su trabajo, serio y concienzudo, agradecido con quienes le apoyan y con las ideas muy claras. Por eso hubiera sido un desperdicio que su trayectoria hubiera terminado antes de tiempo de no haber sabido ver la oportunidad que representaban los camiones. Estaría en casa con su familia (su lejanía es lo único que lamenta cuando le toca correr por esos circuitos de Dios) y España habría perdido un título también inédito en una campaña extraordinaria de nuestro deporte del motor. Así no nos falta de nada, ni siquiera ser los mejores




