Mis dudas ya se han disipado
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Reconozco que, durante un tiempo, dudé de la conveniencia de que Fernando Alonso recibiera el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en lo que podríamos denominar los albores de su trayectoria en la Fórmula 1 (que no deportiva, que ésa ya es de más de dos décadas desde que se sentó por primera vez en un kart con tres años). Supongo que buena parte de mis prejuicios los alimentaba, más que la categoría del personaje, la poca credibilidad que me merecían algunas decisiones previas del jurado que elige a los acreedores del galardón. Sin embargo, ahora estoy convencido de que el campeón del mundo es un dignísimo ganador del premio y no porque su palmarés cuente ahora precisamente con esa culminación en forma de título.
Creo que lo que ha hecho Alonso en el deporte español no tiene precedentes, más allá de sus éxitos en las pistas. Y me refiero a la convulsión que ha provocado en la sociedad, la afición, la prensa, los estamentos... El jurado del premio se lo concedió por ser un "campeón singular" y "un ejemplo para la juventud mundial". Y así es indiscutiblemente. Lo de menos es que haya conquistado una corona que parecía vetada a los pilotos españoles, incluso cuántas más vendrán a partir de ahora (que las habrá, seguro); lo que hay que valorar en su justa medida para avalar este reconocimiento es lo que el ovetense ha hecho por un deporte en un país, diría incluso lo que ha hecho por ese mismo país. Estamos en la cima del mundo gracias a él y eso ya es más que suficiente...




