Ahora ya no son las estrellas...
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Durante décadas, el protagonismo de los deportes del motor en España ha correspondido al motociclismo. Lógico, porque los motoristas eran los que ganaban carreras y títulos en el Campeonato del Mundo. Ahora la cosa está cambiando (y más que lo va hacer) ante ese fenómeno sin par que se llama Alonso. Aunque algunos quieran rehuir de las comparaciones (que no siempre son odiosas), lo cierto es que los coches están en fase de restar atención a las dos ruedas. Existe el caldo de cultivo ideal para que el automovilismo experimente un salto cuantitativo y cualitativo sin precedentes en nuestro país y los grandes damnificados pueden ser los motoristas. Porque los dos son deportes muy caros y quizá no haya dinero para todos...
La fuga de un patrocinador de la magnitud de Telefónica a la exclusividad de la Fórmula 1 es el primer aviso serio. Cierto que Alonso es un producto muy atractivo, pero tampoco hay que olvidar que las empresas buscan la rentabilidad de sus inversiones y este año en los grandes premios de motociclismo las expectativas no están siendo satisfechas, a excepción de ese otro crack que se llama Pedrosa. Salvo sus éxitos, la temporada ha sido (porque ya tiene poco arreglo) bastante discreta para las esperanzas que teníamos. Ni Sete Gibernau ha plantado cara al favorito Rossi, ni la legión de españoles de 125cc ha sido capaz de entrar en la lucha por una categoría tradicionalmente con destacada presencia nacional. Así que toca ponerse las pilas... o habrá problemas.




