Ni carácter ni juego ni ambición
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Yo creía que el derby llegaba con color rojiblanco. Iluso. El Atlético saltó ayer al campo asustado. No trató al Madrid de igual a igual, sino que le vio como si fuera un ser superior. Y le dejó el balón para jugar a gusto. A los seis minutos, con el penalti y la expulsión, a mí me dio la impresión de que el equipo encontró argumentos para desaparecer. Uno menos, un gol en contra, el Madrid enfrente, esto está perdido, a ver si no nos meten muchos. Se sintió inferior y no tuvo carácter, ni un conductor de juego, ni juego tampoco.
Y Bianchi? Sin respuestas. Primero dejó a Petrov solo con toda la banda izquierda, luego lo pensó un poco mejor y desplazó a Perea hacia el lateral. ¿Los cambios? Como siempre: tarde y mal. Cuando salió Gabi ya iban 0-2, y el otro que podía dar creatividad, Ibagaza, no salió del banquillo. Este Atlético necesita al Caño como agua de mayo. Lo peor no es perder un derby -el último jugado en el Calderón también lo perdió el Atlético, pero entonces dio gusto verle jugar-, sino hacerlo sin el más mínimo espíritu de lucha. Ayer bajó los brazos con el primer golpecito en el mentón. Le pareció un Everest remontar con diez. El Atlético ni tuvo ambición ni creyó en sí mismo. Y a mí me pareció que Bianchi tampoco creyó en el equipo.



