Constancia y voluntad para triunfar
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Hubo un tiempo en el que parecía que Antonio Albacete estaba llamado a hacer grandes cosas en esto del automovilismo deportivo. Tenía cualidades tan valiosas como talento, ganas y una voluntad inquebrantable, así que incluso se llegó a intuir que su trayectoria en los monoplazas podría acabar en esa cumbre llamada Fórmula 1. Pero ni estuvo en el momento, ni en el lugar ni en las circunstancias adecuadas y el sueño se esfumo sin que siquiera llegara a tomar forma. De eso hace ya mucho tiempo, pero en todos estos años el madrileño no ha dejado de sentirse un piloto tan profesional como Michael Schumacher... aunque corriera con un camión y no con uno de esos coches que hacía ir tan deprisa.
Ahora es nuevo campeón continental de una disciplina con poco seguimiento en España. Sí, los circuitos del Jarama o Montmeló se llenan con sus espectaculares competiciones cuando toca (una vez al año en cada caso), pero durante el resto de la temporada el interés se limita a entornos tan concretos como reducidos. Pero eso no resta ni una pizca de mérito al éxito de Albacete, capaz de ganarse un hueco y un prestigio en un certamen en el que los españoles tampoco es que tuvieran mucho que decir... hasta que llegó él. Algo así como lo que ha hecho Fernando Alonso, pero en su caso al volante de una mole sobre ruedas. Y con el valor añadido que la seriedad y la constancia otorgan a los grandes triunfos.




