El gafe acosa a los Gutiérrez

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Llevo una semana tocando madera y santiguándome. Enseguida van a entender el porqué. Iván Gutiérrez, el campeón de España de contrarreloj, se volvió a caer por tercera vez, ahora en vísperas de la etapa de hoy en la que partía entre los favoritos. El cántabro ya había visitado el suelo en la primera curva de la crono inicial de Granada, donde también salía como gran candidato. Apenas hacía diez segundos que había comenzado su andadura por la ronda y... ¡zas! Al día siguiente, en la segunda etapa, también se vio en una montonera camino de Córdoba. Iván había preparado este año la Vuelta y el Mundial a conciencia, pero su magullado cuerpo puede privarle de sus retos, como ya le ocurrió el año pasado en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Allí se cayó en la carrera en línea y luego anduvo penando en la contrarreloj, donde perdió toda opción de medalla.
En las caídas influyen varios condicionantes. No es casualidad que los líderes se accidenten menos, porque van arropados por sus gregarios. Pero un porcentaje muy alto depende de la suerte. En la Vuelta se lleva varios días hablando del mal fario de los Gutiérrez, hasta el punto de que Pedro Horrillo escribió una columna sobre este gafe el pasado miércoles en El País. En ella cambió el título de La importancia de llamarse Ernesto, obra de Oscar Wilde, por su moderna versión ciclista La importancia de apellidarse Gutiérrez. Además de los tres porrazos de Iván, Quique Gutiérrez se cayó dos veces seguidas, en la segunda y en la tercera etapas; sufrió "como un perro" para acabar la cuarta con una costilla rota (aquí hago un paréntesis, porque también se cayó su hermano Nacho), y se retiró en la quinta. Si echan un ojo a la firma de esta columna, quizá ahora entiendan que me siga haciendo cruces.



