Y dicen que es mala suerte...
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Supongo que los agoreros, esos que nunca faltan cuando se trata de poner trabas a la felicidad ajena, tendrán que buscar un nuevo argumento. Me imagino que si alguien dudaba, dejará también de hacerlo. Y espero que nadie se atreva ya ni siquiera a insinuar que Alonso va a ser campeón del mundo de Fórmula 1 porque el pobrecito de Raikkonen tiene muy mala suerte... ¡Por favor! Una avería detrás de otra no es infortunio, es incompetencia o atrevimiento, como prefieran. Un coche irrompible que se para en la última vuelta del gran premio decisivo de la temporada: eso sí que es mala suerte. Pero no una secuencia de diez incidentes mecánicos que ponen en entredicho el trabajo de los ingenieros, una labor que, nos guste o no, en este deporte es casi tan importante como la de los pilotos. Que le pregunten a Michael Schumacher al respecto...
Los aguafiestas a los que me refiero son los que andaban diciendo que cada vez que Kimi estaba en la pista era capaz de vencer con facilidad a Fernando, que sólo la falta de fiabilidad del McLaren iba a apartar al finlandés del título que va a ser para el asturiano. Una lectura tan equivocada como injusta. No existe tal superioridad del piloto (sin negar por ello que Raikkonen es uno de los más rápidos) y en cuanto al coche, poco se puede agregar a lo que se ve en la pista. Hacer un monoplaza potente y veloz es relativamente sencillo; conseguir que sea robusto y fiable, ya no tanto. Por eso el talento de Alonso ha encontrado el complemento ideal en el acierto de Renault, exactamente igual que lo han hecho tantos y tantos campeones en la historia de este deporte. Es más, en su caso va a aguantar el tipo en esta recta final pese a que su coche ya no sea el mejor...




