Como el Calpisa de los setenta
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Que le levanten un jugador al Real Madrid ocurre raramente, pero que se lo arrebaten a la NBA nunca había pasado en España. Y es lo singular del Akasvayu, que con Fran Vázquez le ha dado calabazas a la vez a madridistas y a los Magic de Orlando. Ya veremos si con el tiempo no se arrepiente el jugador, pero eso es secundario en la batalla actual que libra el equipo de Girona, la revelación del deporte español porque aspira a la grandeza en tiempo récord a golpe de talonario. Hay ejemplos parecidos al Akasvayu en las ligas españolas. Damián Seguí hizo lo mismo para convertir al Son Amar en un grande de Europa en el voleibol, luego se fue unos años y ha reaparecido recientemente. Y en el baloncesto femenino, José Ramón Guimaraens hizo al Dorna el mejor equipo de Europa hasta que se aburrió. Pero lo de Girona se asemeja más al Calpisa de balonmano de los años sesenta: Andrés Muñoz, presidente del Obras del Puerto de Alicante, logró que la constructora patrocinase a su club, y con dinero se convirtió en el primer equipo profesional. Fichó a los mejores de la época (Perramón, Uría, Melo, Cabanas, Goyo) de las filas del Atlético de Madrid, Barcelona y Granollers, y ganó cinco ligas consecutivas y una Recopa.
En los ochenta los negocios de Calpisa ya no fueron tan fructíferos y se acabó el patrocinio, aunque el equipo continuó aún en la pomada como Tecnisan, peor con Helados Alacant, y dijo adiós cuando se marchó a Benidorm y cerró el chiringuito por problemas de impagos. Hay quien se duele del mal final de aquel Calpisa, pero hay quien se relame por lo bien que lo pasó en aquellos años mirando por encima a azulgranas y rojiblancos, por ejemplo.




