Sastre se reivindica

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Conocí a Carlos Sastre en diciembre de 1994. Yo estaba haciendo un reportaje al añorado José María Jiménez y a Ángel Arroyo en El Barraco. Chava me lo presentó: "Apunta el nombre de mi cuñado para el futuro. Todavía es amateur, pero va a ser muy bueno". Desde aquella fecha le tengo mucha estima, al igual que a su padre, Víctor, el creador de la Peña Ciclista Ángel Arroyo, vivero de grandes ciclistas. El augurio se cumplió y Sastre es ahora un completo corredor que se ha metido tres veces en el top ten del Tour y dos en el de la Vuelta. Pero a pesar de sus cualidades, Sastre ha vivido siempre a la sombra de otros ciclistas más mediáticos, empezando por su desaparecido cuñado. Correr en un equipo extranjero, el CSC, también le ha quitado foco.
Sastre se clasificó ayer cuarto y primer español en la etapa inicial. No es ninguna sorpresa, porque siempre ha hecho buenos puestos en las contrarreloj, sobre todo en las de corta o mediana distancia. El año pasado, por ejemplo, terminó tercero en la crono final de Madrid. Cuando le entrevisté en el último Tour me comentó que ya se había acostumbrado a vivir en un segundo plano informativo. Pero noté que lo decía con la boca pequeña, con cierta amargura. En 2004 se clasificó octavo en la ronda francesa y sexto en la española, sólo superado en regularidad por otro abulense: Paco Mancebo, sexto en el Tour y tercero en la Vuelta. Sólo por esa constancia y por su intachable profesionalidad, Sastre se merece aparecer entre los candidatos a la carrera.



