Pues yo me quedo con Mancebo

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El aturdimiento que me ha generado el caso Armstrong no me ha impedido llevar toda la semana buscando un motivo para emocionarme con esta Vuelta a España. Y el combate es duro, no se crean, aunque me defiendo con fiereza. Mis allegados me hacen la misma pregunta de todos los años: "¿Quién va a ganar?". Y yo les respondo sin originalidad: Heras, Mancebo o Aitor González. Pero como lo que muchas veces buscan es un nombre distinto para impresionar a otros amigos, me insisten: "¿Y quién más hay por ahí?". Entonces contesto según me haya soplado el aire ese día: Landis, Azevedo, Pereiro, Sastre, Menchov, Plaza, Danielson... Lo de Simoni o Botero no me lo creo ni yo, por más que intente convencerme. Una vez cité hasta a Perdiguero. ¡Y qué sé yo! Eso es como lo del vecino del hombre del tiempo, que siempre le pregunta en la escalera si va a llover mañana.
Voy a serles sinceros, qué leches. A mí el duelo Heras-Aitor no me emociona lo más mínimo. Y ojalá me trague mis palabras. En su momento yo creí en ambos ciegamente y ellos lo saben, con independencia de que el tiempo haya cambiado sustancialmente nuestras relaciones y haya nublado las memorias. Y no me emociona porque entiendo que un ganador de la Vuelta tiene que ser un corredor capaz de luchar luego por el podio del Tour. Tanto Heras (salvo en 2000) como Aitor tienen suspendida esa asignatura. No confirmarse en Francia quita credibilidad al ciclista y también a la propia Vuelta. Por eso yo me quedo con Mancebo, el hombre que nunca falla en el Tour, aunque no siempre reciba el reconocimiento que se merece. Y no me olvido de Pereiro. Y mientras espero el arcoiris de Valverde en el Mundial de Madrid, me intentaré emocionar con el sufrido ciclismo de Paco.



