El Niño debe crecer con Bianchi
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M ucho viaje y poco trabajar. Los equipos de la Liga española han decidido hacer la pretemporada en aviones. O por China. Cuando se quejen de exceso de partidos y de horas de vuelo, cuando nos hablen de minutos jugados y tantas zarandajas que se inventan para justificar fracasos y mala planificación, alguien les debería recordar sus garbeos por la Gran Muralla, que por allí se van a pasear este verano el Madrid, el Espanyol, el Barça, el Villarreal, el Sevilla y el Zaragoza. Y la Real se lo monta por Corea. Ellos sabrán lo que se les ha perdido por allí, pero yo prefiero el plan Bianchi: trabajo, trabajo y trabajo. Del Atlético sólo nos llegan imágenes de los jugadores machacándose por los alrededores de Segovia, con Perea haciendo marcas de Superman y Bianchi, con sus buenos modales y su educación exquisita, ejerciendo de sargento de hierro.
Amí empieza a ilusionarme este Atlético de Bianchi antes de verle jugar. Estoy convencido, además, de que el técnico argentino ayudará al Niño Torres a dar el salto que le falta, a conseguir ese toque final que no ha encontrado a veces. El Niño ha vivido una larga fase de la temporada pasada en estado de ansiedad, porque era conscientes de que lo que no hiciera él no lo hacía nadie. Y esa necesidad de no fallar para que el equipo se mantuviese arriba le ha perjudicado demasiado. Ese apresuramiento, esa excitación permanente, se tiene que acabar. El Niño es ya un crack, pero no puede ser el único sostén de este Atlético. Aquí deben sumar todos. Bianchi tiene que liberarle de la presión que tanto le ha atosigado y conseguir que se divierta en el campo. El Niño crecerá y crecerá si este Atlético crece y juega al fútbol. Ese es el reto de Bianchi.



