Secuestro de la frescura
Cambio la columna y ya estaba escrita. Me entero de que Raúl llamó a un jugador y al entrenador del filial para felicitarles por el ascenso. Magnífico detalle. Sin embargo, cuando a los chicos se les preguntó ayer si algún jugador de la primera plantilla les había dado la enhorabuena (pregunta capciosa, me dicen que dicen), el felicitado en cuestión no abrió la boca. Podría ser timidez, pero tiendo a pensar que también fue miedo a no meter la pata, temor a no revelar un secreto fabuloso que incluía palabras sagradas. Esta es la consecuencia del control que se ejerce sobre estos chicos de 20 años. Se les intenta proteger tanto que se les secuestra la espontaneidad, y eso se acusa en el campo. No tiene sentido que se recluya al equipo y que se le prohiba hablar con la prensa, como ocurrió antes de jugar contra el Conquense. Eso no ayuda, presiona. Y da pocos resultados (0-1). Seguro que sin la mochila de los prejuicios ajenos jugarían aún mejor, más ligeros.



