Problemas bastante distintos
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Primer problema: el incomprensible error de Michelin. Quizá algún día ofrezcan una explicación admisible, pero de momento seguimos sin saber cómo es posible que viajen hasta Estados Unidos unos neumáticos que no sólo no sirven para Indianápolis, sino que incluso ponen en peligro la seguridad de sus pilotos. De todos modos, y aunque reconozco que no es el mejor momento para decirlo, tampoco conviene demonizar a la marca que parecía llevar en volandas hacia el título a Fernando Alonso. No son más malos que hace un par de semana, sólo se han equivocado (gravemente, eso sí) como lo hacemos seguramente usted o yo...
Segundo problema: la resolución de la crisis. Trasciende a Michelin y se traduce en que en el mundo de la hiperprofesionalidad, del márketing deportivo, del negocio de la publicidad, de los derechos televisivos, de los contratos multimillonarios nadie ha sido capaz de encontrar una solución a una de las crisis más graves de los últimos tiempos en la F-1. Parece obvio que casi cualquier cosa hubiera sido mejor que el patético espectáculo de seis coches dando vueltas sin sentido y miles de espectadores cabreados... y con razón. Que se prepare alguien, no sé muy bien quién, porque esto ha ocurrido precisamente en el país de los pleitos y los abogados pueden tener un negocio redondo.




