Sigamos confiando en Renault
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Me han disgustado algunos comentarios que he leído y escuchando tanto de la Prensa como de aficionados acerca de los problemas de Renault en Mónaco. Aunque tampoco me sorprenden, porque generalmente la memoria suele ser flaca cuando se trata de cuestionar el trabajo de los demás (seguro que resultaría muy didáctico ser tan críticos también con nuestros propios errores). Hace sólo un par de semanas todos estábamos convencidos de que el de Alonso era el mejor equipo del mundo (que no es así), mientras que ahora parece que su sensacional inicio de Mundial es fruto de la casualidad, demérito del resto más que mérito de la escudería que dirige Flavio Briatore. Y eso me parece tremendamente injusto, al margen de incierto. El domingo las cosas no fueron como esperaban, pero eso no significar que debamos demonizar a Renault...
Si alguien cree que el camino de Fernando hacia ese ansiado título mundial iba a ser un paseo triunfal, es que no tiene ni idea de lo que se cuece en los grandes premios. Gracias al seguimiento que se le hace al asturiano, las magníficas transmisiones de Telecinco, a los acertadísimos comentarios de Pedro de la Rosa y las explicaciones del propio protagonista, todos estamos aprendiendo que esto de la F-1 es mucho más que ir deprisa. Siempre he mantenido que en esa complejidad tecnológica y estratégica reside gran parte de la grandeza de este deporte, que tiene tanto matices, tantos imprevistos, tantas incógnitas, que pensar que el triunfo es fácil o seguro se antoja como una solemne necedad. Por eso creo que Renault merece toda la confianza y respeto propias de quienes han colocado a su piloto en un liderato tan sólido como el de Alonso.




