No sería una victoria cualquiera
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Alonso dice que estaría bien ganar en Mónaco, pero que tampoco es su sueño... pues que nos lo preste. Por lo menos a mí. Hasta que llegue ese gran día (cada vez más cercano) de ver a un español coronado como campeón mundial de Fórmula 1, que suba a lo más alto del podio del Principado tampoco es un mal aperitivo. Porque si una carrera tan irracional, tan temeraria, tan peligrosa como la del circuito de Montecarlo se mantiene en el calendario es, exclusivamente, por tratarse de un gran premio muy especial. Combina tradición, exclusividad, prestigio, glamour... por no hablar de lo que para un piloto debe suponer salir del Túnel a 300 km/h rodeado por guardarraíles y con la certeza de que cualquier error acabará, como mínimo, con sus posibilidades en la competición... si no es con su monoplaza en las aguas del lujoso puerto monegasco.
También me encantaría ver a Fernando ocupando ese peldaño que en seis ocasiones fue de Ayrton Senna, el rey de Mónaco que seguramente lo sea para siempre. Porque Michael Schumacher, siendo simplemente objetivos, tiene muy difícil igualar este año los seis triunfos del brasileño, así que si es el asturiano el que conquista esa gloria, mejor que mejor. Sería, sin duda, otro golpe a la línea de flotación del grandísimo campeón alemán, otra palada de tierra en esa sepultura deportiva que parecen estar cavándole entre todos: Ferrari, Bridgestone... y el imparable paso del tiempo. Briatore le mandó ayer otro mensajito al 'Kaiser'. Dice que le ve viejo, pero muy probablemente lo que le ve es agotado, dubitativo, desmoralizado. Así que hay que aprovechar la oportunidad, porque el triunfo en Mónaco (pese a lo que diga su protagonista) sería excepcional.




