Este equipo es una ruina
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El Niño Torres era ayer un futbolista desquiciado, un jugador sin chispa, aburrido y desesperado, náufrago en el caos de este Atlético insoportable. El modelo Ferrando tocó fondo anoche en el Calderón y consiguió convertir en un desastre total a este joven futbolista que lo tiene todo para ser una estrella del fútbol. Pero no ha sido una labor de un día, sino de toda la temporada. Este equipo ha desgastado al Niño partido a partido. No ha tenido esquema, ni carácter, ni juego, ni futbolistas, ni garra. Ha vivido siempre en el alambre gracias a sus dos centrales, Pablo y Perea, a Antonio López, y a los chispazos del Niño Torres. Y en las últimas jornadas estos ramalazos ni siquiera han aparecido. El caos del Atlético se ha comido hasta al Niño.
Yel partido de ayer fue un calco exacto de lo que le hemos visto este año al Atlético: impotencia absoluta. En el día más grande, con todo en juego, ni siquiera fue capaz de recurrir a la heroica, de morir con gallardía en el área de Osasuna. Nadie se puso el pañuelo en la frente y se lanzó al abordaje. Este Atlético malo y mediocre asumió su triste destino entre despropósitos. El proyecto Ferrando ha fracasado estrepitosamente -lo de meter a Richard Núñez en el día decisivo es un mal chiste-. Este equipo es una auténtica ruina. Esa es la única conclusión que se puede sacar después de verle fracasar ante este duro Osasuna de Javier Aguirre, que sí sabe a lo que juega. En este Atlético, capaz de poner de los nervios hasta al Niño, sobran casi todos.



